Mezclar el alcohol con la cocaína agrava los efectos de cada una de estas sustancias en el organismo. Esta combinación provoca la aparición en el hígado del llamado etileno de cocaína, sustancia que intensifica los efectos eufóricos de la cocaína, aumentando el riesgo de muerte repentina.
Los efectos nocivos de la cocaína son físicos: desde alteraciones en el ritmo cardiaco, ataques al corazón o al cerebro, fallo respiratorio, convulsiones, dolor de cabeza, dolores abdominales o nauseas; y también hay efectos psicológicos: irritabilidad, desasosiego, desórdenes mentales como paranoias o ansiedad, entre otros muchos.
El consumo de alcohol con cocaína dispara el riesgo de desarrollar alcoholismo en la persona en pocos años; este consumo es muy frecuente en la población española actual. Resulta, con diferencia, una mezcla más tóxica y perjudicial que el alcohol y la cocaína por separado. Por lo general, quienes consumen estas sustancias desconocen por completo las consecuencias y tienen una muy baja percepción del riesgo que conlleva este consumo.


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