Cuando hablamos de drogas hay que tener en cuenta la otra cara de la moneda, puesto que todas las sustancias ofrecen una apariencia favorable y positiva. Los primeros consumos de droga dejan una imagen agradable en el individuo que normalmente produce una gran atracción. Es una percepción distorsionada de la realidad que produce euforia y que hace muy probable un nuevo consumo de esa sustancia. Posteriormente el iindividuo se siente con control sobre todas las situaciones que merece disfrutar del consumo que parece inofensivo. Esta misma situación de fantasia y normalidad aparente se transforma, con el paso del tiempo, en situaciones que llevan al consumidor de droga a hacer cosas que en un estado normal no haría (robos, actividades ilícitas, etc.). En una cuarta fase el consumo de droga ofrece la otra cara de la moneda, presentándose estados en los cuales la persona se siente empujada a aumentar la cantidad de consumo para mantener los estados positivos que cada vez más escasean. Se desarrolla, en esta fase, tolerancia por la sustancia y dependencia física creada químicamente sobre el sistema nervioso del individuo. Este consume, no para obtener alivio, sino para evitar el malestar del síndrome de abstinencia.
Todo esto conduce hacia una realidad muy difícil y con falta de control que desemboca a la destrucción personal. Aquí entran en juego varios factores que hacen que suceda algo que detenga la situación de la relación adictiva.


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