Se considera que se estabilizan todos los síntomas del síndrome en torno a los siete meses, en altos y frecuentes consumos de la sustancia. Y en torno a los cuatro meses, con consumos más moderados. Hay que destacar, en este punto, que no se trata de un síndrome de abstinencia como suele entenderse cuando hablamos de otro tipo de sustancias: en el caso particular de la cocaína, el síndrome de abstinencia se manifiesta por alteraciones en el estado de ánimo del individuo, en ansiedad continua, alteración del sueño y deseo constante de seguir consumiendo.


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