En principio estaría el hecho de controlar el entorno en donde se encuentran. Es decir, que cuando un adolescente comienza a tener contacto con alguna sustancia es frecuente y probable que se distancie de su grupo de amigos habitual (si estos no consumen) y se aproxime a un grupo en el que sean más permisivos con esas actitudes proconsumo. En principio habría que poner límites desde el entorno familiar; es decir, poner límites (consecuencias a las conductas que consideramos que deben cambiar o mejorar) para que de esta manera poder ser constantes en la aplicación de esas consecuencias.


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Aquí se tiene que valorar la frecuencia y la cantidad que consume su hijo. No habría que olvidar que cuanto más joven es el adolescente mayor es el riesgo. Atendiendo a las siguientes razones:
1. Habría que tener en cuenta la etapa evolutiva en la que se encuentra. No obstante, en la adolescencia no ha culminado el desarrollo físico por completo, así pues -y como consecuencia-, la presencia de un tóxico en el organismo (en este caso el TMC) con una frecuencia más o menos frecuente interfiere en el desarrollo óptimo del mismo.

2. A nivel psicológico y emocional tampoco existe estabilidad, puesto que se encuentran en un proceso de maduración en casi todas las áreas que conforman la persona (social, familiar, personal, afectiva, etc.), lo que va a condicionar las decisiones que el adolescente tenga que ir tomando; del mismo modo, los conflictos que tenga que ir afrontando, pues va a estar influenciado por el consumo (frecuencia, cantidad, etc.); y por el estilo de vida que conlleva el consumo (amigos, consumidores, rituales de consumo, aislamiento, etc.).


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Asiste a profesionales o a alguien de tu confianza. Si es un adulto mejor, para que te ayude a buscar apoyo. Te dejo con un enlace para que te bajes más información sobre nuestro programa Proyecto Joven, el cual trabaja la prevención en drogodependencias con docentes, alumnos, padres y madres. Aquí informamos también de los riesgos laborales derivados del uso de sustancias dentro de las empresas. Por otra parte la prevención indicada está dirigida a menores con consumos problemáticos de drogas y con importantes trastornos de conducta y autocontrol; además de déficil adaptativos potenciados por dicho consumo. Se desarrolla una intervención temprana mediante un servicio de escucha y orientación para el adolescente aumentando la percepción del riesgo de las drogas. Y ello se realiza fomentando los vínculos sociales y familiares. Más información en el teléfono 664 214 495 o en informacion@proyectohombreleon.org


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En dosis pequeñas el efecto es placentero, mientras que en dosis altas puede producir episodios de ansiedad.
Inmediatamente tras el consumo se produce lo que se llama 'borrachera cannabica', con sequedad de boca, enrojecimiento ocular, taquicardia, descoordinación de movimientos, risa incontrolada, somnolencia, alteración de la memoria, de la atención y de la concentración.
Así que si con dieciséis años consumes marihuana, la probabilidad de que tengas dificultad para concentrarte en los estudios es mayor. Además se podrán incrementar tus problemas familiares. Lo más importante, y que no hay que olvidar, es que el cannabis es una droga -una sustancia- que altera el funcionamiento del sistema nervisoso central, perturbándolo y deprimiéndolo. Esto hace que el consumo se repita de manera muy probable, lo que a su vez provoca el efecto de la tolerancia, sindrome de abstinencia y dependencia.
Cuanto más joven es el inicio del consumo de una droga, mayor es el riesgo de depender de ella. En este sentido, la mayor trampa viene dada en el hecho de creer que se controla.


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Eso depende de lo que se esté acostumbrado a beber, del nivel de tolerancia en la persona y de la concentración de alcohol que tenga la bebida. Es recomendable que en tu caso particular te observes a ti mismo.


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Consumir cualquier tipo de droga interfiere en cualquier tratamiento por depresión en el que se tomen tranquilizantes o ansiolíticos. Aparte de esta característica, fumar marihuana aumenta el nivel de depresión en el individuo que sigue un tratamiento paralelo.


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No se puede, ya que la única forma viable para que desaparezca es dejar de consumir. Depende del organismo y del estado físico de la persona para que más tarde o temprano se elimine del todo una vez que se ha abandonado el consumo.


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